Seguir respirando Una respuesta fisiológica y automática, ¿verdad? Pero a veces, respirar correctamente se convierte en todo un trabajo. Especialmente si, por ejemplo, estás nervioso. Tu respiración se vuelve entrecortada, tu cuerpo te lo comunica con diversos síntomas, pero estás bloqueado para percibirlos. En un caso extremo, podrías incluso morir, ahogado por tu propia ansiedad. Déjame explicártelo con un ejemplo: Vas por la calle, y no necesariamente con la cabeza gacha, demostrando al mundo tu angustia. No, al contrario, caminas con la cabeza bien alta. Ahí estás, regalando saludos que solo alimentan tu fobia social. Tu respiración es inadecuada. Te encuentras con una señora, conocida de toda la vida por tu familia y los vecinos, una especie de "Vieja del Visillo", aunque sin ambiciones políticas. Parece agradable, pero su única misión al verte es sacar información para repartirla generosamente por el barrio. Después de esa interacción incómoda, sigues tu camino y llegas...