En un autobús, uno puede sentir una desconexión de su entorno, personas inmersas en sus pensamientos, distraídas con sus teléfonos o enfocadas en llegar a su destino. Para algunos, el tiempo en un autobús es una oportunidad para meditar, leer o contemplar la vida sin interrupciones. Para otros, puede ser una sensación de aislamiento, como si el bullicio del mundo exterior no pudiera penetrar su espacio personal. En este espacio colectivo, podemos sentirnos más solitarios que nunca, una soledad en medio de la multitud. Suele ocurrir que algún pasajero solidiario se dedique, por ejemplo, a ver su telenovela preferida en su móvil, sin auriculares. Debido al ruido ambiental del propio colectivo es posible que aumente el volumen, ya que anda algo duro de oído. Es espectacular y reconfortante para todos, claro. María de los Dolores acaba de salir de su estado de AMNESIA y descubre que su tía no es su tía, es su perro con la cirugía estética. La señora se pon...
-Al marcharte enciende las estrellas-