Eones de Isota
-Al marcharte enciende las estrellas-
18 octubre 2026
Sin saberse observadas.
18 enero 2026
Invierno en borrador
Al principio escribía relatos algo líricos. A veces, lo que salía era suficiente.
Después escribía durante meses, con una idea en mente. Cuando, feliz, imprimí el borrador y lo leí entero, algo se apagó. Los textos, juntos, me parecieron insulsos.
Me hice un ovillo. Literalmente.
Rodaba por la casa entre lana y pelusa hasta que decidí aislarme unos días en la casa de campo.
Allí todo es lo contrario a donde vivo.
Hay tranquilidad. Oscuridad de noche, sin luces artificiales ni ruidos:
ni coches, ni motos, ni guaguas, ni una verbena con DJ durante ocho horas un martes cualquiera.
La oscuridad me entraba por los ojos y yo permanecía despierta, mirándola.
Por la mañana, el canto de los pájaros regulaba mi sistema nervioso. Cuando ellos descansaban, me enrollaba bajo las mantas, agarrada al manuscrito.
Había pasado meses escribiendo y ahora, sobre el papel, algo no funcionaba.
Pensaba en todo ello sentada en el columpio de un árbol. Mi perro iba tras una pelota. Las flores se balanceaban algo incómodas, con la brisa de noviembre, un otoño ya cansado. El manuscrito permanecía quieto, como el invierno que empezaba a asomar.
07 noviembre 2025
Rebelión en la granja, de George Orwell.
20 mayo 2025
Hay lugares que quizá no visite, pero…
Tengo 43 años, y pronto cumpliré 44. A veces pienso en los lugares que hubiera querido conocer, en los paisajes que imaginé caminar, en los rincones del mundo que me habrían emocionado. Y también me doy cuenta de que quizás no los visite. Por muchas razones. Porque la vida se ha vuelto compleja, y a veces frágil. Porque sostener lo cotidiano ya es en sí una travesía inmensa.
Me duele y me avergüenza contarlo. Pero lo cierto es que también he construido un hogar. He acompañado vidas. He sostenido vínculos. Y aunque mis pies no hayan pisado ciertos suelos, una parte de mí sí puede hacerlo. Tal vez un día, cuando ya no esté, sea mi hija quien los recorra, si ella quiere. Y yo estaré en ella. Porque también soy los gestos que dejo, las palabras que cuido, la memoria que siembro.
No sé si estaré físicamente en todos los lugares que soñé, pero sé que algo de mí los alcanzará. Porque formo parte de otros. Porque lo simbólico también viaja. Porque los sueños, a veces, florecen en otros cuerpos. Y eso también puede que sea una forma de llegar.