Andaríamos concretamente por 1986 en el día de los Reyes Magos. Mi tío me regaló el cuento con la cinta de cassette. Me quedaba dormida escuchándolo con los walkmans cañeros de la época. Eran rojos y tenían esa almohadilla que siempre terminaba desgastándose en los auriculares. Me encantaba la voz del narrador de aquel soldadito de plomo y los dibujos de aquel libro. Hasta el formato de la letra me parecía genial. Y no tuve valor por mucho tiempo de escribir esto porque me invade la nostalgia del cuento y de que mi tío ya no esté. No éramos muy cercanos pero siempre tenía detalles, que él vería tan sólo como tales, pero que a mi , que sin aires de victimismo me describo como una buena niña pero muy enfermiza y con poca vida social (y mi hermana aun no estaba en proyecto), me brindaba la posibilidad de vivir un cuento, imaginándolo adormecida, y aprendiendo. No me imagino (pese a cierta presión social a la que intento hacer caso omiso la la rá ) ...