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7.6.15

Atardeceres

(...) Y siento que mi vida se va huyendo 
callada y dulce como la gacela.

Gabriela Mistral 









6.6.15

"Lo que no te mata te deja bien jodida como mensaje en la alarma del móvil"

Le das a nueva entrada.
Escribes dos frases y las borras.
Te quedas pasmado mirando la pared.
Te restriegas los ojos
Pones música y la quitas.
Suspiras.
Te pones a ver videos de youtube.
Cierras el canal.
Te rascas el brazo y te llevas las manos a las sienes.
Y si a estas alturas no te has desmoronado algo tienes que escribir.

Enciendo la música esta vez con las notas que concuerden con mi estado de ánimo; óptimo, que viene a expresarse con una macro nostalgia con estados puntuales de hiper vigilancia, desprecio y risa paranoica.

Después de año y pico sin escribir, el tema de hoy va sobre momentos necesarios.El título no tiene que ver.  Como se tienen muchos momentos necesarios escribiré el más reciente. 
Pero antes vamos a ponerle personaje a esto para disimular.

Elvira, (me llamo igual que la rica heredera de los Sims y es guapa) ve un documental en el que una preciosa y vulnerable cría cualquiera que comienza a vivir, sale de su madriguera. Un peligro la acecha, esto es así. Y si la historia  ha ido medianamente bien hasta aquí esa criatura va a morir. Elvira lo sabe, todos lo saben. La criatura se concentra en avanzar e intentar llegar al lugar donde tiene que llegar, donde le esperan sus padres (que ya les vale) . Mientras avanza el retoño no se lamenta, no es humano y no concibe el valor de la vida como tal; no hay nada de Ay, que injusta la vida, que acabo de comenzar a vivirla, en qué cabeza cabe que me tenga que enfrentar a un depredador a mi edad, si fue ayer cuando me puse de pie (aquí por ejemplo la cazadora es una serpiente, que tampoco tiene culpa... Pero aquí es la mala)

Aquí es una hija de la gran puta.

Elvira ve todo el panorama; algunas crías escapan, y la que va a caer lucha, causando una gran exasperación al televidente pues no tiene ninguna oportunidad.  La agarran por el cuello, zarandeadola violentamente y muere con dolor y agonía . Mientras tanto el resto de vástagos obtiene alguna ventaja (o no).

Elvira está medio acostada en su sofá llorando a moco tendido, abrazando un cojín. Pero llorando, llorando de verdad, con llanto sonoro. Y aun es por la mañana.
En ese instante da un respingo por lo de la hiper vigilancia y se reincorpora.

Y este es el momento que a Elvira le fue necesario para seguir adelante.

12.1.14

EONES DE SOLEDAD



                  
     22-diciembre-13   


Sueña donde no te haga falta respirar. Te esperan flores de mundo
en el campo; blancas y hermosas que te quieren agasajar y cuidar
Nuestra bella flor descansa y de vez en cuando acaricia nuestro mundo...

Mami, sin ti la soledad es infinita


8.1.14

De cómo me siento



La Noyée está a mi lado hacia el amanecer, pese a que mora en el agua  yo camino a temperatura normal. Cuando atardece y se oculta el sol comienzo a ser casi todo líquido y tirito con la Comptine d'Un Autre Été.
Me voy entumeciendo y  torpe, doy tumbos para entrar en calor. Inevitablemente choco, me resquebrajo  y caigo al suelo, que por suerte no es moqueta. Mis ojos, que ni están juntos ni ya ven bien, disparan señales erráticas a mi cerebro que hace aguas -nunca mejor dicho- , y hacen creerme que veo algo importante al final de mi reguero.Menudo desastre.

Al final miro, o creo ver, alguna cosa que identifico como mi miseria,  y musito , muy bajito, para que no me encierren y porque no puedo articular debidamente: - Al menos estás fuera de mí por un rato.

Cuando vuelvo a mis cabales y doy fe de que todo está en su sitio, excepto tal vez, mi cordura, me voy a la cama con la mantita y espero en posición fetal a la Noyée. Mi miseria está conmigo, todo está en su sitio.

Besos.


19.1.13

El tormento de Jack

Tyler Durden reposaba en remojo en una bañera asquerosa. Allí , en esa chatarra impregnada de mierda porquería hablaba consigo mismo, por decirlo de alguna manera. Su alucinación alter-ego le comprende,  le escucha. Se atreve y hace lo que él anheló hacer cuando llevaba una vida normal.  Estar vivo era un pasatiempo para él hasta entonces. Ahora su vida es un caos, no tiene el control y no recuerda o no recuerda cuando sueña.Si en ese momento alguien lo observara vería a un hombre muy enfermo en condiciones insalubres. Pero Tyler en sus  momentos de lucidez sufre mucho, así que estar en un cuarto de mala muerte con un fuerte olor a orín le funciona por momentos.  Más tarde  se enfrentará a la muerte pero no querrá morir ni lo que es parecido, perder un segundo más de su vida.  No sentirá  la necesidad de accidentarse  con el coche, que le golpeen la cabeza contra el suelo repetidas veces hasta sentir su sangre escurrirse por el  asfalto,   o volar por los aires junto a las grasas robadas de las clínicas de liposucción. No sentirá que debe seguir luchando contra lo frívolo, que debe aferrarse a su neurosis para evitar algo inevitable. 
Finalmente se convertirá en un hombre libre y tiene un buen motivo esperándole; cogerle  la mano a Marla. 


19.8.11

Palermo

Al mediodía, la primavera era irrecuperable. Confiada por el silencio de las calles permanecí inmóvil durante un largo rato frente a la casa. Bajo las horas soporíferas y el encierro de la ciudad me acordé de Cien años de Soledad y de Macondo...
"Aquel Macondo olvidado hasta por los pájaros, donde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar"

Gabriel García Márquez


16.3.11

Mecánica con Bso

Y cuando ese estado de cansancio te deja la mente en blanco y por fin descubres lo que tienes delante. En mi caso era un molino de energía eólica.  Y yo en la guagua. Voy a deprimirme porque no tengo la canción adecuada para cuando los molinos de viento hacen la danza giratoria de sus aspas pero  comienza mi tema favorito descargado del incomprendido itunes.


La canción es You shook me all night long  ♪, un título burdo al que dan ganas de contestarle
"Menos flores, mi niño" pero el tema de ACDC es pegadizo y tiene un buen guitarreo. De todas las filas de los molinos blancos siempre busco el que está parado.  Me dispongo a hacer una metáfora tonta sobre la vida y aquél que no se ve arrastrado por la multitud y el qué dirán,  y si eso le lleva a algún estado de sabiduría superior y eterna,  pero por suerte y de nuevo me veo envuelta en Ey, You shook me all night long eyeyeyei . No tengo tiempo. En el paisaje ahora hay casas abandonadas al azote de la salitre del mar y aunque el chófer va a todo meter por el centro de la autopista  mi cerebro sobreestimulado e insomne parece que  aprecia a cámara lenta a una vieja gesticulándole a otra ,segundos en que cualquiera diría que estaba discutiendo en general y criticando a algún familiar en particular. Nano segundo si lo comparamos con lo que uno tiene que dedicarse a observar para conocer a alguien de verdad.  Me voy a acordar de lo  cabreado que se debe de estar  para ponerse a gritar como un orangután en la calle pero  Brian Johnson me despista con su Ey, You shook all nigh long Yeah you, shook me all night long... Aaaaahaaaahaaaah You...


21.2.11

Fundado en Hipérboles



Los acontecimientos para cuando conseguían llegar hasta ella , anacrónicos , dejaron de ver el sentido de sus visitas. Fueron postergando el camino hacia su vera, y  un día nadie se acordó de aquel lugar.

Ella  olvidó su significado y a quien amaba. Sus lloros  junto al de los hierbajos de la ladera, se confiaron al silencio, indiferente. La estructura del inmueble,  inamovible al cambio, quedó resquebrajada hasta  los cimientos mohosos más profundos, helándose el corazón. Andar entre ausencias  ha dificultado mucho inmortalizar su encuentro. Quienes la recuerdan cuentan su historia con la esperanza de que al nombrarla despierte de su extravío. Y no es sorprendente escuchar junto al relator un lejano susurro; el vaivén de las ventanas  cansado ya del eterno viento invernal.


Isota

1.10.10

Pero continuaba firme y sin mover un músculo, mirando hacia adelante, siempre con el fusil al hombro.

Andaríamos concretamente por 1986 en el  día de los Reyes Magos. Mi tío me regaló el cuento con la cinta de cassette. Me quedaba dormida escuchándolo con los walkmans cañeros de la época.

Eran rojos y tenían esa almohadilla que siempre terminaba desgastándose en los auriculares. Me encantaba la voz del narrador de aquel soldadito de plomo y los dibujos de aquel libro. Hasta el formato de la letra me parecía genial.
Y no tuve valor por mucho tiempo de escribir esto porque me invade la nostalgia del cuento y de que mi tío ya no esté.
No éramos muy cercanos pero siempre tenía detalles, que él vería tan sólo como tales, pero que a mi , que sin aires de victimismo me describo como una buena niña pero muy enfermiza y con poca vida social (y mi hermana aun no estaba en proyecto), me brindaba la posibilidad de vivir un cuento, imaginándolo adormecida, y aprendiendo.
No me imagino (pese a cierta  presión social a la que intento hacer caso omiso la la rá ) teniendo niños aun, pero si algún día se da el caso le compraré el libro de El soldadito de plomo y el cd o mp3 o el microchip en el que venga. La desesperanza puede que sea mayor sin una religión, y  la alternativa de creer en otras personas conforme va pasando el tiempo la cosa con suerte si no empeora se mantiene, así que me gusta pensar que llegado el momento dejamos una huella, como los aros de un árbol, en la memoria de los que aun estén.


El soldadito se halló en medio de intensos resplandores. Sintió un calor terrible, aunque no supo si era a causa del fuego o del amor. Había perdido todos sus brillantes colores, sin que nadie pudiese afirmar si a consecuencia del viaje o de sus sufrimientos. Miró a la bailarina, lo miró ella, y el soldadito sintió que se derretía, pero continuó impávido con su fusil al hombro. Se abrió una puerta y la corriente de aire se apoderó de la bailarina, que voló como una sílfide hasta la chimenea y fue a caer junto al soldadito de plomo, donde ardió en una repentina llamarada y desapareció. Poco después el soldadito se acabó de derretir. Cuando a la mañana siguiente la sirvienta removió las cenizas lo encontró en forma de un pequeño corazón de plomo; pero de la bailarina no había quedado sino su lentejuela, y ésta era ahora negra como el carbón.



Hans Christian Andersen

isota

20.9.09

Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene unas manos tan pequeñas (Cuento 2)

E.E Cummings

1.
Oveja se debatía entre una historia sensiblera y moña, o algún relato entretenidillo que rondase entre lo noble y lo irónico.

Pasaba por un momento en el que la continua lucha de su razón entre lo onírico y lo real la había convertido en una oveja con ataques huraños y al rato con ataques de risa.

La angustia añadida siempre era arriesgada para escribir, pero era la única que siempre le empujaba a hacerlo.

Desde pequeña había adoptado una actitud evasiva ante todo (tele, videojuegos, enormes ovillos por toda su habitación) .Un día, cansada de andar por casa en bata, decidió que su evasión iba a alcanzar dimensiones mayores.

Oveja iba a convertirse en una superheroína. Era una idea absurda, era radical y además, era como un empleo.

Lo primero era lo primero. ¿Cómo era la oveja? Tendría que hacer una introspección personal y encontrar sus verdaderas motivaciones y anhelos, sus complejos y miedos. ¿Quería realmente abrir esa puerta?

¿No?

Pues ya sabía algo nuevo sobre su personalidad de héroe.

La oveja iba a ser una superheroína cobarde.

(Quejas y enfurruñamientos)

Aturdida ante este primer desafío llamó a sus amigos y alma gemela Potrillo, para que ellos amablemente le dijesen lo buena y especial que era. Así no tendría que enfrentarse nunca más a la impertinente pregunta y podría pasar directamente a una de sus partes favoritas: el traje elástico e incómodo que se iba a poner (y complementos).

Llamó a sus seres queridos quienes hablaron alegremente de sus virtudes. Y sutilmente sobre posibles miedos y anhelos, críticas constructivas desde el cariño. Posibles alternativas y muchos ánimos.

Oveja, agradecida por el tacto de aquellas personas que decían ser sus amigos (sollozos), decide que esa fase tampoco era tan importante, que mira que se han copiado los superhéroes entre sí y nadie ha dicho nada. Porque las críticas de unos cuantos frikis en un foro cualquiera, ¿a quién le importaba?

Desalmada y sola, oveja apartaba a sus amigos y a potrillo con un asterisco en la agenda del móvil y ojeaba desde la decepcionante frikipedia hasta la wikipedia “de toda la vida”, los detalles de los trajes.

“Sin capa eso seguro. Le gusta el rojo pero ¿Qué pasaba si la comparaban con Flash, Iron Man, Spawn y el Hulk actual? Por no nombrar a aquellos que lo combinan con azul. El rojo no.”

Tal vez una capa sí, y tal vez se ahorraría hasta la vestimenta. Sería como la superoveja de Worms. Un poco exhibicionista pero eso no importaba porque vivía en un pueblo turístico.

Oveja había encontrado una manta mugrienta que arrastraba cuando que era pequeña, marrón y lila, que en sus tiempos era blanca. Y se la había amarrado en el cuello a modo de capa.

Lista de cosas para ser una superheroína:
Traje Superheroína, hecho.
Profesión: héroe desempleada
Tara: impulsiva, hábito contagiado por mi su peluche Don Depresor.(Es rojo y todo el mundo sabe que el rojo altera)
Poderes: ¿?
Personalidad: no está hecha del todo y odio a mis amigos; "mis cosas buenas no pegan para ser una oveja superheroica”

Estaba molesta y sabía por qué.

Pensó en aquellas conversaciones telefónicas con sus amigos, y enfrentándose por fin a una reflexión, la primera e infantil, quiso estudiarla desde un punto de vista objetivo, intento que terminó por desquebrajarse y confundirse con los trocitos de su espejo emocional. Ni menos ni más acertada, era suya.

Lista de cosas para ser una superheroína:
Traje Superheroína, hecho.
Profesión: héroe desempleada
Poderes: ¿mentales?
Personalidad: nerviosa, tímida, ingenua, y cosas buenas también: ocurrente, optimista, (Ya me las arreglaré a ver que se saca de ahí)
Le gusta Danse des cygnes, Tchaikovsky y aquella canción de Holiday que decía...

Some day, when i’m awfully low,


when the world is cold,


i will feel a glow just thinking of you…


(Oveja quita los asteriscos de la agenda)

3.8.09

Pto. de la Cruz




No se veía un alma en la playa de la avenida de Colón. No le extrañaba porque hacía frío. Se había pegado un pateo hasta la estación, había pasado por mercadona y se había aprovisionado (empanadillas de atún  y coca cola), y había estado cuarenta y cinco minutos en la guagua con Tchaikovsky a todo trapo  para no oír la cadena dial preferida del chófer. Y ahora hacía frío. No importaba.

Si algo relajante tiene la playa es su ruido. Las olas que quiebran al mar te desconectan un poco de todo lo demás.
Las piedras estaban lisas por su vaivén. La erosión había supuesto un tiempo, y las había ayudado a  compartir su recorrido con menos dificultad. Se habían adaptado.


-Como las personas, pensó.

Pero esa idea parecía sacado de un libro de autoayuda, más bien era la idea que anhelaban las personas. Cada día estaba más convencida de que ocurría justo lo contrario. Los adultos se volvían rígidos y alejados. En algún momento tuvieron que obviar ciertas emociones por necesidad y ahora se habían quedado así.
Uno de niño no los entendía. ¿Por qué esta gente se volvía tan preocupada y triste? Y siempre se están quejando.Y serios. Ellos decían que eran porque tenían muchos problemas. Pero no se trataba solo de eso. Los adultos se cansaban rápido de las situaciones. Sabía que existía antes de saber su nombre, se ocultaba en sus palabras toda la insatisfacción, la envidia, la inseguridad, la mediocridad: el sarcasmo.
A esa edad no se sabía cuál era el fin de actuar así. Solo que se escondía algo. Fuera lo que fuera le pareció rebuscado y poco práctico.

Tenía una toalla que llamó la atención a un pastor belga negro que decidió realizar un sprint desde la avenida hacia ella. El perro venía con una cara de alegría que era imposible pensar que venía a atacarla, a no ser que fuera un perro zorro. Pero se sabe que los perros zorros se acercan  haciéndose los zorros.

Se quedó feliz olisqueando la toalla, y ella feliz mirando. Desde el otro extremo de la playa la dueña daba voces, pero el perro alegre estaba ocupado viendo los diferentes tonos de grises que para él tenía la toalla colorida de esta, nuestra humilde personaje.
Su dueña por fin se acercó con un vago caminar. Daba la impresión de estar molesta porque su perro había puesto en evidencia su autoridad. Para entonces el perro feliz se había olvidado de la toalla y había investigado unos metros más allá con la nariz llena de arena, sin mucho éxito en la búsqueda. No lo tenía enseñado, el perro le hizo caso ya cuando estaba justo a su lado.

Afuera habían unos surferos aburridos porque las olas venían muy cerradas. Posiblemente los mismos surferos que siempre van, por esa idea tan primitiva de territorialismo de surfers y bugueros; los surf spots.
Aquella gente seguramente no había salido nunca de su isla y decían que esto era lo mejor. Si les preguntabas por sus ideales te soltaban los de azarug y hasta te podían cantar aquello de yo soy un mencey de mi propia tierra el rey, desde una posición de portero de discoteca.
Pero surfeaban.


De camino a la estación paseaba por la avenida esquivando a los tourists furiosos. Los tourists de aquí son muy tranquilos en la playa, la playa es su destino. Allí están relajados y muy callados. Pero antes de llegar están inquietos y desesperados por estar ya allí. Hay que tener cuidado en el supermercado o en el paseo, porque uno puede  ser arrollado por un tourist impaciente.

Se sentó para hacer tiempo y un anciano pasó y se quedó dudando. Ella enseguida comprendió. Si hay algo que nos gusta son las rutinas. Todas las tardes después de su programa favorito el hombre venía a sentarse a este banco, lo había imaginado ahora mismo, diciendo a su mujer que salía un rato, abriéndole la puerta al gato, cogiendo la caja de tabaco.
 Asintío rodándose para un lado y el hombre se sentó. Viendo pasar su tarde, con la mirada de aquél que se siente mucho más joven pero ha de hacerlo a través de sus ojos ajados por el inevitable paso del tiempo, le contó casi menos la historia del sítio en un momento.  Tenía un deje de canario costero que tan nostálgico le resultaba.  Le habló de la importancia de su puerto, del comercio local, del castillo de San Felipe. Le dijo que de joven estuvo trabajando en la fábrica de cemento y que un despiste casi le cuesta la vida. Hablaba con la actitud despreocupada de quien  no tiene cuenta de lo que piensen de uno. A ella le gustaban las historias que describían las cosas con una causalidad más clara. Aquello que no incluía tanto a los sentimientos y pareceres. Si hablaba de un monumento histórico y de quien había estado de paso cuando se construía , y para que se utilizó,  y que a partir de que el puerto de Garachico se convirtiera en Mordor Capital,  comenzó el comercio del vino en esta ciudad,  las opiniones se relajaban, no era como cuando uno te contaba sobre su vida y sus ideas. Eran hechos y estaban ahí, sin tantas contemplaciones. Y eso la tranquilizaba.

Se despidió del lugareño que se había quedado pasmado mirando el paso de unos vendedores ambulantes.

En la estación había un estudiante con apariencia de rastafari casual hablando por los codos a una señora para que firmara una protesta, y ella  le repetía ¡No me aburra joven! El joven se alejó con la música  a otra parte.


Cuando subió a la guagua lo hizo con mejor ánimo y casi no le importó el halo en que se veía envuelto el trasporte público y sus viajeros bajo los efectos de cadena dial.



16.4.07

Sueños



Vivía en uno de esos sítios que primero habían sido el cuarto de la lavadora o del asadero de los caseros. Después le habían puesto un baño y ya creían que estaba listo para ser un apartamento en condiciones. Situado en la azotea haciéndose pasar por parte de la casa, en la calle Osa Menor, en La Laguna. La fría humedad  de sus paredes era su compañera de piso y siempre que llovía se inundaba el salón.Solía despertarse a las dos de la mañana  escuchando el agua que caía por las paredes.
La casa era por tanto fría en cualquier rincón. La lluvia se calaba y en el alma de cualquiera.
Afuera siempre solía hacer viento hasta junio.
La puerta de la entrada  no parecía muy segura por lo que por las noches cerraba su habitación. Entre mantas y con la lamparita del barco azul que aún conservaba, leía La mala hora.
De fondo la tele con una cinta VHS de Friends grabados del Canal plus, una futilidad si uno quiere estar concentrado.Pero prefería la tele al murmullo del viento que parecía un gato, o algo peor, un bebé perdido.
Se quedaba dormida mirando la puerta.
Y soñaba.
Soñaba que estaba dormida y alguien la observaba. Que no podía moverse y alguien le rondaba. Siempre era alguien diferente, que no conocía. Se veía a sí misma dormida y al intruso observando. No decía nada, ni siquiera parpadeaban, no sabía porque estaban allí pero no parecía que fueran a hacerle nada malo. Simplemente estaban.
Alguien tocaba la puerta, y se desvanecía la escena.  ¿Estaba despierta?
Se levantó, salió de la habitación. El viento se había calmado y ya no turbaba a la  ligera llovizna, que sonaba tranquila.
Quería mirar al exterior, al patio, pero temió encontrarse a alguien o peor aún, que alguien la descubriera mirando. Volvió a escuchar la puerta. Abrió los ojos.
Estaba segura de que miraba al techo de su cama. Había sido un sueño, ¿y el ruido de la puerta? Tan vívido. Salió a la cocina, tomó agua y se viró hacia el patio. Se quedó observando la claridad de la farola en la noche, el ruido limpio de la llovizna que había soñado.
Atisbó una sombra que se zarandeaba a punto de salir volando. Había olvidado recoger unas sábanas. Subió la larga escalerilla tan bien ideada por su casero que en cuanto se mojaba era imposible no patinar, y recogió la ropa.
A lo lejos , tras las luces borrosas de santa cruz se intuía el mar.
Bajaba y escuchó la puerta. Abrió los ojos con desconcierto. Estaba segura que yacía en su mullidita cama. Al lado de su lámpara del barco azul, escuchado las risas enlatadas de Friends, con su libro La mala hora apoyado en la barriga. Contenta porque aún le quedaba más de la mitad por leer. Lo agarró  y advirtío la ligera llovizna. Pero sentía algo que no comprendía, sus pies estaban mojados y le pesaban.
Cogió el marcador para el libro y  las hojas de este comenzaron a sangrar. No podía ver las letras, cada vez sentía más frío en los pies. Miró a sus manos y cayó en la cuenta de que no era el libro lo que sangraba.
La lluvia se hacía más intensa, sentía el pelo mojado, temía despertar.  Abrió los ojos inyectados en sangre. La lluvia le caía desde un cielo de oscuridad absoluta. No llegaba a saber cuán herida estaba, no sentía demasiado, solo estimaba que yacía inmóvil al final de las escaleras. Puede que enrollada a sus pies estuviera la puñetera ropa, la puerta daba bandazos, ahora podía ver claramente a sus visitantes, solo que no eran ellos los intrusos. El sonido del viento ahogaba el de su respiración. Quería escucharse a sí misma. Quería despertar de nuevo y que aquello no fuera el final. Pero esos golpes que hacían despertarla para no olvidarse a la muerte eran sin duda, los que ahora escuchaba. Y aquello en cuerpo y mente, era todo lo lejana que podía estar de la suya.