Hay un mundo allá afuera, un precioso cielo que se extiende sin fin, Un profundo océano del revés donde las olas no se alzan, sino que caen, pesadas. Un horizonte que se estira, amplio, inmenso, sin bordes. Afuera el mar está ahogando aceras y amaneceres, los pasos no se me mantienen, el afán por aferrarme al suelo pesa sobre mi ser, igual que una sombra densa y muda, Los brazos se agarrotan, como si el agua los retuviera, Los hombros se descuelgan, cansados de sostener un cielo que nunca cae. Atrapada en mi propio laberinto, dibujo puertas a lápiz sobre duras y gruesas paredes de hormigón. En mi pecho, un silencio roto, donde el miedo se enreda y nunca se va. Afuera, de nuevo las calles resuenan vacías y frías, Ríos caudalosos y fanganosos, donde me ahogo sin control. ¿Y si no encuentro la manera de volver? ¿Y si el mundo se deshace mientras estoy allí? Las miradas son flechas, cada ruido, un trueno mortal. El aire se siente distante, cada paso, un abismo sin fin, invertido, en d...