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"La soledad del que va en autobús"

En un autobús, uno puede sentir una desconexión de su entorno,  personas inmersas  en sus pensamientos, distraídas con sus teléfonos o enfocadas en llegar a su destino.  Para algunos, el tiempo en un autobús es una oportunidad para meditar, leer o contemplar la vida sin interrupciones. Para otros, puede ser una sensación de aislamiento, como si el bullicio del mundo exterior no pudiera penetrar su espacio personal. En este espacio colectivo, podemos sentirnos más solitarios que nunca, una soledad en medio de la multitud.

Suele ocurrir que algún pasajero solidiario se dedique, por ejemplo,  a ver su  telenovela preferida en su móvil, sin auriculares. Debido al ruido ambiental del propio colectivo es posible que aumente el volumen, ya que anda algo duro de oído. Es espectacular y reconfortante para todos, claro. María de los Dolores acaba de salir de su estado de AMNESIA y descubre que su tía no es su tía, es su perro con la cirugía estética. La señora se pone a gritar desconsoladamente que si no es adoptado, durante lo que parecen ser 20 minutos.  El destino de algún pasajero llega antes y nos abandona, pesaroso,  antes de que cese el espectáculo. El resto nos mantenemos todos entretenidos escuchando gritos de agonía.

Por si alguno de nosotros andaba encerrado en sus propias preocupaciones o reflexiones, Ana María de los Dolores nos ha transportado sin permiso a un mundo bizarro de poco presupuesto. No ha sido una invitación sino una imposición y todos estamos encantados de que este amable pasajero comparta sin tino sus hobbies a volumen de discoteca. Yo sinceramente es lo que necesito a las 8 de tarde, después de un día de trabajo.
De corazón te damos las gracias por tu civismo, estimado viajero. Y esperamos que Esperanza de los Dolores se recupere de tan trágico acontecimiento.
 

Comentarios

  1. Antes la gente leía en el transporte público.
    Ahora no lee casi nadie... bueno, los whatsapps y similares.
    Ahora todos hipnotizados por la Diosa Pantalla.
    Y los maleducados, sin auriculares, molestando allá donde vayan.
    Prefiero el metro... con el ruido de los raíles los maleducados lo tienen más difícil.

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  2. Jajaja, es real y lo has escrito que lo he podido imaginar tal cual. Es desesperante ver cómo la gente se dejó atrapar por ese aparato diminuto, como el que estoy usando para leerte.
    Abrazos.

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  3. Está claro que el civismo pasó a la historia.
    :(
    Un abrazo.

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  4. Eso da una rabia tremenda!
    Hace poco regresé al bus después de bastante tiempo sin subirme a uno. Me transportó a un pasado lejano. Tiene algo especial este transporte. También ofrece una nostalgia triste. Un acercamiento a un mundo que creía desaparecido. De todas formas, me gustó regresar y volveré a él. Cuando uno está cansado y desea que lo lleven y lo traigan, es un remedio maravilloso. Que la preocupación solamente sea la de observar. Incluso, a los irrespetuosos.
    Un abrazo.

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