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Árboles

Los árboles me han dado siempre los sermones más profundos. Los respeto cuando viven en poblaciones o en familias, en bosques o en arboledas. Pero aún los respeto más cuando viven apartados. Son como individuos solitarios. No como ermitaños que se hubieran recluidos a causa de una debilidad, sino como seres grandes y aislados, como Beethoven o Nietzsche. En sus ramas más alta susurra el mundo y sus raíces descansan en lo infinito; pero no se abandonan ahí, luchan con toda su fuerza vital por una única cosa: cumplir con ellos mismos según sus propias leyes, desarrollando su propia forma, representándose a sí mismos. Nada es más sagrado, nada es más ejemplar que un árbol fuerte y hermoso. Cuando se tala un árbol y se muestra desnuda al sol su herida mortal, puede leerse toda su historia en el tosco y lapidario disco de su tronco: en sus anillos anuales y en sus cicatrices están descritos con exactitud toda lucha, todo sufrimiento, toda enfermedad, toda fortuna, toda recompensa. Años flacos y años abundantes, agresiones soportadas y tormentas sobrevividas. Y cualquier hijo de campesino sabe que la madera más dura y noble es la que tiene los anillos más estrechos, y que arriba en la montaña, en constante peligro, crecen las ramas más inquebrantables, las más fuertes y ejemplares.

Hermann Hesse

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Pájaros de barro

P ájaros de barro (Manolo García) Por si el tiempo me arrastra a playas desiertas, hoy cierro yo el libro de las horas muertas. Hago pájaros de barro... Hago pájaros de barro y los echo a volar. Por si el tiempo me arrastra a playas desiertas, hoy rechazo la bajeza del abandono y la pena. Ni una página en blanco más... Siento el asombro de un transeúnte solitario... En los mapas me pierdo. Por sus hojas navego.. Ahora sopla el viento, cuando el mar quedó lejos hace tiempo. Ya no subo la cuesta que me lleva a tu casa... Ya no duerme mi perro junto a tu candela. En los vértices del tiempo anidan los sentimientos. Hoy son pájaros de barro que quieren volar. En los valles me pierdo, en las carreteras duermo. Ahora sopla el viento. Cuando el mar quedó lejos hace tiempo. Cuando no tengo barca, remos ni guitarra. Cuando ya no canta el ruiseñor de la mañana. Ahora sopla el viento. Cuando el mar quedó lejos hace tiempo. En los valles me pierdo, en las carreteras duerm o.

Rebelión en la granja, de George Orwell.

 Pequeño fragmento visual inspirado en la lectura.  Un libro que parece una fábula, pero no lo es.  Detrás de los animales y las consignas, está la herida del poder, la ingenuidad que se rompe y el miedo que termina mandando.  No hay moraleja, solo un espejo.  Y a veces mirar ese espejo duele más que entenderlo. 

Invierno en borrador

Al principio escribía relatos algo líricos. A veces, lo que salía era suficiente. Después escribía durante meses, con una idea en mente. Cuando, feliz, imprimí el borrador y lo leí entero, algo se apagó. Los textos, juntos, me parecieron insulsos. Me hice un ovillo. Literalmente. Rodaba por la casa entre lana y pelusa hasta que decidí aislarme unos días en la casa de campo. Allí todo es lo contrario a donde vivo. Hay tranquilidad. Oscuridad de noche, sin luces artificiales ni ruidos: ni coches, ni motos, ni guaguas, ni una verbena con DJ durante ocho horas un martes cualquiera. La oscuridad me entraba por los ojos y yo permanecía despierta, mirándola. Por la mañana, el canto de los pájaros regulaba mi sistema nervioso. Cuando ellos descansaban, me enrollaba bajo las mantas, agarrada al manuscrito. Había pasado meses escribiendo y ahora, sobre el papel, algo no funcionaba. Pensaba en todo ello sentada en el columpio de un árbol. Mi perro iba tras una pelota. Las flores se balanceaban al...