Sin saberse observadas.
Miraba sin parpadear las flores.
En este mundo no es tan fácil conseguir escenarios solitarios así
que también imaginaba que alguien la estaría observando.
Las flores se inclinaban delicadamente, como si estuvieran cansadas.
Ajenas a mi mirada, a todo cuanto las rodeaba.
Algunas desordenadas, mostrando sus pétalos abiertos y otras perdiendo su color.
Siempre libres de mi mirada.

Las flores también se cansan. Las flores también sienten la intención de las miradas. Y, oh,: cuando agradecen ser vistas con aprecio, admiración y respeto
ResponderEliminarUn abrazo.