Habitadora de cerebros huecos, mecánica, filósofa, alquimista, encubridora vil, lince sin vista, espantadiza de tus mismos ecos Lope de Vega, A la noche.
X era una neurótica implacable. De niña la sociedad y el comportamiento humano no sintonizaban con los principios de la verdad eterna de las ciencias puras. El cambio en los pareceres de las personas que no podía justificar la despistaban así que parte de sus amigos eran televisivos. Tantas horas frente a la tele le hizo percibir el mundo con unos principios morales y bondades propios del cine o de otra cosa que no era el mundo en que vivía. Todo ese universo empezó a desestructurarse cuando creció y tuvo que tratar con el mundo post universitario, y en especial supongo que con los funcionarios. Como atea y a consecuencia de los desbarajustes entre mundo cinéfilo y realidad, su neurosis y los golpes de la vida la llevó a tal existencialismo que cuando iba a la cafetería pedía el café sin decir hola ni gracias. Tal era su forma agresiva-pasiva que a los fumadores que le echaban el humo en la mesa de la cafetería , en la terraza, los miraba mientras respiraba fuerte ...
Soledad en tus huesos Luceros de neblina Destejiendo egos Suspirando tu memoria Entre ensoñaciones hallé un hueco Una sombra esquiva En ella te vi pequeña, muy lejos En un silencio que agota mi alma
Miraba el ocaso desde el borde del acantilado que azotado por el mar parecía contagiarle la valentía que necesitaba para permanecer firme sobre su ser. Había tardado mucho en llegar y pensaba en el tiempo. Un tiempo invertido en cada paso hasta ese instante, pasos pequeños y grandes, retrocesos y caídas; todo le conducía y situaba en este ahora, valerosa y libre por poder presenciar la puesta que el astro brillante nos regala cada día.