Miraba el ocaso desde el borde del acantilado que azotado por el mar parecía contagiarle la valentía que necesitaba para permanecer firme sobre su ser. Había tardado mucho en llegar y pensaba en el tiempo. Un tiempo invertido en cada paso hasta ese instante, pasos pequeños y grandes, retrocesos y caídas; todo le conducía y situaba en este ahora, valerosa y libre por poder presenciar la puesta que el astro brillante nos regala cada día.
Pequeño fragmento visual inspirado en la lectura. Un libro que parece una fábula, pero no lo es. Detrás de los animales y las consignas, está la herida del poder, la ingenuidad que se rompe y el miedo que termina mandando. No hay moraleja, solo un espejo. Y a veces mirar ese espejo duele más que entenderlo.
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Tus Palabras alumbran esta casa