21.4.07

La Marioneta


Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo 
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, 
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, 

Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
Vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo, 
y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh

sobre las estrellas un poema de Benedetti, 
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna.
Regaría con lágrimas las rosas,

para sentir el dolor de sus espinas, 
y el encarnado beso de sus pétalo... 
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría pasar un solo día 

sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están,

al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, 
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
Sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño, 
por vez primera, el dedo de su padre, 
lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre

sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse. 
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.

Johnny Welch




16.4.07

Sueños



Vivía en uno de esos sítios que primero habían sido el cuarto de la lavadora o del asadero de los caseros. Después le habían puesto un baño y ya creían que estaba listo para ser un apartamento en condiciones. Situado en la azotea haciéndose pasar por parte de la casa, en la calle Osa Menor, en La Laguna. La fría humedad  de sus paredes era su compañera de piso y siempre que llovía se inundaba el salón.Solía despertarse a las dos de la mañana  escuchando el agua que caía por las paredes.
La casa era por tanto fría en cualquier rincón. La lluvia se calaba y en el alma de cualquiera.
Afuera siempre solía hacer viento hasta junio.
La puerta de la entrada  no parecía muy segura por lo que por las noches cerraba su habitación. Entre mantas y con la lamparita del barco azul que aún conservaba, leía La mala hora.
De fondo la tele con una cinta VHS de Friends grabados del Canal plus, una futilidad si uno quiere estar concentrado.Pero prefería la tele al murmullo del viento que parecía un gato, o algo peor, un bebé perdido.
Se quedaba dormida mirando la puerta.
Y soñaba.
Soñaba que estaba dormida y alguien la observaba. Que no podía moverse y alguien le rondaba. Siempre era alguien diferente, que no conocía. Se veía a sí misma dormida y al intruso observando. No decía nada, ni siquiera parpadeaban, no sabía porque estaban allí pero no parecía que fueran a hacerle nada malo. Simplemente estaban.
Alguien tocaba la puerta, y se desvanecía la escena.  ¿Estaba despierta?
Se levantó, salió de la habitación. El viento se había calmado y ya no turbaba a la  ligera llovizna, que sonaba tranquila.
Quería mirar al exterior, al patio, pero temió encontrarse a alguien o peor aún, que alguien la descubriera mirando. Volvió a escuchar la puerta. Abrió los ojos.
Estaba segura de que miraba al techo de su cama. Había sido un sueño, ¿y el ruido de la puerta? Tan vívido. Salió a la cocina, tomó agua y se viró hacia el patio. Se quedó observando la claridad de la farola en la noche, el ruido limpio de la llovizna que había soñado.
Atisbó una sombra que se zarandeaba a punto de salir volando. Había olvidado recoger unas sábanas. Subió la larga escalerilla tan bien ideada por su casero que en cuanto se mojaba era imposible no patinar, y recogió la ropa.
A lo lejos , tras las luces borrosas de santa cruz se intuía el mar.
Bajaba y escuchó la puerta. Abrió los ojos con desconcierto. Estaba segura que yacía en su mullidita cama. Al lado de su lámpara del barco azul, escuchado las risas enlatadas de Friends, con su libro La mala hora apoyado en la barriga. Contenta porque aún le quedaba más de la mitad por leer. Lo agarró  y advirtío la ligera llovizna. Pero sentía algo que no comprendía, sus pies estaban mojados y le pesaban.
Cogió el marcador para el libro y  las hojas de este comenzaron a sangrar. No podía ver las letras, cada vez sentía más frío en los pies. Miró a sus manos y cayó en la cuenta de que no era el libro lo que sangraba.
La lluvia se hacía más intensa, sentía el pelo mojado, temía despertar.  Abrió los ojos inyectados en sangre. La lluvia le caía desde un cielo de oscuridad absoluta. No llegaba a saber cuán herida estaba, no sentía demasiado, solo estimaba que yacía inmóvil al final de las escaleras. Puede que enrollada a sus pies estuviera la puñetera ropa, la puerta daba bandazos, ahora podía ver claramente a sus visitantes, solo que no eran ellos los intrusos. El sonido del viento ahogaba el de su respiración. Quería escucharse a sí misma. Quería despertar de nuevo y que aquello no fuera el final. Pero esos golpes que hacían despertarla para no olvidarse a la muerte eran sin duda, los que ahora escuchaba. Y aquello en cuerpo y mente, era todo lo lejana que podía estar de la suya.

14.4.07

El ciber



Estaba en el ciber de Guajara. Aquel que estaba al lado de todas las calles con nombre de constelaciones y planetas.

Antes de que viniera un cacho de bólido teledirigido por los alienígenas enfadados  por el hecho indigno de llamar Marte a una calle tan cutre y se llevara al barrio entero,  había un ciber allí.
Se le sentó un tipo al lado que no le había dado muy buena impresión.
No quería levantarse para no hacer el feo, no quería que pensara que le estaba llamando chungo a la cara. Así que decidió esperar un rato. Cuando se quedaba pensando en disimular  que estaba atenta a lo que hacía se quedaba demasiado quieta.
Y el tipo mirando al frente moviendo el ratón...con el ordenador apagado.

9.4.07

Reavivando a Annie Hall


Alvy: Dime, ¿has hecho tú esas fotografías de ahí?.
Annie: Sí, soy aficionada a la fotografía. ("Mis pinitos"... ¡¡parezco idiota!!)
Alvy: Son, son fantásticas, muy buenas, tienen cierta calidad... (Eres una chica muy guapa)
Annie: Me gustaría aprender fotografía, profesionalmente claro. (Seguro que piensa que soy tonta)
Alvy
: Ha de ser muy interesante, ¿sabes?, porque es una nueva forma de Arte, y aún no han surgido un conjunto de criterios estéticos. (Me pregunto qué tal estará desnuda)
Annie:
¿Criterios estéticos?, ¿quieres decir si una foto es buena o no?. (No eres lo suficientemente lista para él, párate ahí)
Alvy:
El, el medio entra como una condición de la misma forma del Arte... eso... (No sé ni lo que digo. Está notando que soy superficial)
Annie:
Verás... no, no creo que en mí sea todo instintivo, no. Quiero decir que lo siento, ¿sabes?. Sólo intento sentirlo y no pensar mucho en ello. (Dios, espero que no resulte ser un imbécil como los demás)
Alvy:
Pero aún así necesitas una serie de líneas estéticas para que estés en una perspectiva social. (Dios, pareces la radio FM... ¡¡relájate!!)

Annie: En fin...