1.11.14

Noviembre



No perdono a la muerte enamorada,

 no perdono a la vida desatenta, 

no perdono a la tierra ni a la nada. 

En mis manos levanto una tormenta

de piedras, rayos y hachas estridentes

sedienta de catástrofes y hambrienta. 

Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

 a dentelladas secas y calientes. 

Quiero minar la tierra hasta encontrarte 

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte




ELEGÍA, Miguel Hernández